Granada era nuestra siguiente
parada. Esa tarde el sol se despedía de nosotros mientras recorríamos una
autovía que serpenteaba hasta la otrora capital del reino nazarí. Otro amigo —Migué—
nos esperaba para hacernos una breve visita nocturna por la ciudad después de
recibirnos y llevarnos de cañas. Paseamos por la avenida del Gran Capitán,
dedicada a Gonzalo Fernández de Córdoba, militar y estratega al servicio de los
Reyes Católicos; por la catedral, la Alcaicería o el antiguo gran bazar, el
cual me recordó vagamente al de Estambul; la calle Elvira (nombre que recibió
la ciudad poblada por fenicios, griegos y cartagineses y que se ubicaba
aproximadamente donde la actual Granada) y la carrera del Darro para observar
desde nuestra posición las soberbias fortalezas de la alcazaba de la Alhambra.
No obstante, la noche envejecía y al día siguiente nuestro anfitrión tenía
asuntos que atender, así que regresamos a la Malahá, su pueblo, a descansar.
| La Alhambra de noche vista desde la carrera del Darro (fotografía propia) |